"...We're just two lost souls swimming in a fish bowl, Year after year, Running over the same old ground, What have we found? The same old fears,Wish you were here..."
- Pink Floyd -
O tal vez la múltiple naturaleza que puebla de personalidades nuestro interior. Heterónimos diría Pessoa, lucha de apetitos quizá apuntaría Federico el Nietzsche. Pero prefiero referirme al asunto, desde una perspectiva existencialista con una pizca de ética para la felicidad, como la Doble Naturaleza.
La esperanza, malograda se derrite bajando por mis pies hundidos en el polvo. Se rinde contra toda lógica sumergida en un monólogo de silencio. Pero no todo fue así. Hubo un brillo o una brisa después del atardecer que me sorprendió con los ojos cerrados dibujando tu silueta entre mis brazos. No sé cuanto tiempo estuve así, quizá un segundo o tal vez sólo ese pequeño instante que acompaña a tu olor cuando cierra todas las puertas y me sumerge en una cálida estancia a la que no llegan las palabras. Hubo tiempo para navegar tu cuerpo y dibujar sobre el deseo sus rutas secretas y un firmamento. Hubo tiempo apenas para soñar una vida. Pero llegó ese brillo o esa brisa llevándose tu perfume y abriéndome los ojos. Todo volvió a su sitio detras de la muralla aterradora de la rutina, de los pactos invisibles y de los viejos pactos. Tras la esperanza caída sólo quedó este muladar de palabras que intentan arañar sin suerte la imagen de un beso.
Me disuelvo lentamente en el tiempo, me desintegro entre los segundos. Como si todos los momentos vividos formaran un laberinto en el que me pierdo. No hay alas de dédalo para sobrevolar el tiempo y escapar. Aunque mi fuerza es ola que no ceja en estrellarse contra el rompeolas inmisericorde que todos los ojos esconden. Cómo andar con tanta rabia, con tantas cuerdas anudadas en cada una de las venas. Mi corazón es un caballo desbocado, fuerte y orgulloso encerrado en una cerca impávida y testaruda.
Eso es. Asimismo. Un sueño claro. Sobre mi cama a media tarde descubro bajo mis mantas a dos aves, una pequeña azul parda y otra grande de plumaje azabache. Un ruiseñor y un cuervo, el pequeño come del pico del grande y yo observo incólume la extraña escena hasta que despierto. Qué sueños estos los que me visitan con su bizarro simbolismo. Un enigma tal vez sin respuesta que constata que la conciencia es siempre la prostituta de la memoria, su fiel esclava. En la memoria queda todo, las reglas, leyes y paredes del laberinto por el que debe la conciencia abrirse paso a ritmo de rata. Busquemos ese aroma que nos guia y que sólo desprende la felicidad. Démonos prisa que el tiempo pasa y la vida se malogra y agosta. Vayan ustedes delante, vayan, que yo me quedo aquí un rato más a ver qué pasa o qué queda.
Se ha despejado el trozo de cielo que me permite la ciudad. Sobre la geometría impasible del hormigón se recorta el viaje infinito de las nubes hacia el este. En las calles queda su regalo y una secreta tristeza que sólo yo comparto junto al café y el silencio. Me pregunto si nuestra naturaleza es alegre y la tristeza nos llega o es sin embargo que somos tristes y la alegría es la que se nos va… parece absurda la pregunta, lo sé, pero quisiera saber si he de eliminar de mi lo triste rodeandome de la risa o simplemente protegerme de la mordedura de aquello que quiere, haciéndome daño, arrastrarme al barro.